La guerra silenciosa por los chips de IA ya comenzó

La guerra por chips de IA ya comenzó y está transformando la estrategia de las mayores empresas tecnológicas del mundo. Meta, Google, Microsoft y Amazon avanzan en el desarrollo de semiconductores personalizados para reducir su dependencia de Nvidia y asegurar el suministro de potencia de cálculo.

La guerra por los chips de IA ya comenzó y nadie quiere quedarse atrás

Imagen ilustrativa generada por IA

La acelerada expansión de la inteligencia artificial está transformando la estrategia de las mayores empresas tecnológicas del mundo. Cada vez más, estas compañías apuestan por desarrollar semiconductores personalizados con el objetivo de reducir su dependencia de terceros, optimizar el rendimiento de sus sistemas y responder a la creciente demanda de procesamiento que exige la IA.

Este giro estratégico recuerda al modelo de integración vertical que caracterizó a IBM en la década de 1960, cuando la empresa controlaba tanto el hardware como el software de sus equipos. Hoy, la lógica es similar: garantizar el suministro, mejorar la eficiencia y disminuir la exposición a un mercado donde los chips especializados son escasos y costosos.

Según estimaciones de Bloomberg Intelligence, el mercado de chips de IA diseñados a medida podría alcanzar los 122.000 millones de dólares para 2033, una cifra que evidencia el enorme potencial económico para las empresas que logren posicionarse en este segmento.

En este contexto, Meta ha comenzado a probar sus propios procesadores internos destinados al entrenamiento de modelos de inteligencia artificial. Además, adquirió la startup Rivos para acelerar el desarrollo de soluciones de silicio personalizadas que le permitan reducir su dependencia de proveedores externos.

Google, por su parte, ha consolidado el desarrollo de sus unidades de procesamiento tensorial (TPU), hasta el punto de que empresas como Anthropic, OpenAI e incluso la propia Meta han firmado acuerdos para acceder a esta tecnología a través de la nube. Mientras tanto, Microsoft presentó su chip Maia 200 de nueva generación, un proyecto que sufrió retrasos pero que representa un paso clave en su estrategia de autonomía tecnológica.

Sin embargo, la competencia no se limita únicamente al diseño de semiconductores. Las grandes compañías también están reforzando la infraestructura que sostiene sus servicios de inteligencia artificial. De acuerdo con Jonathan Atkin, analista de RBC Capital Markets, empresas como Microsoft y Amazon están invirtiendo en fibra oscura, es decir, cables de fibra óptica instalados pero aún no activados, con el fin de ampliar la capacidad de conexión entre centros de datos.

Aunque Google y Meta cuentan con redes propias, todavía dependen en parte de proveedores externos para expandir su conectividad global. Estas inversiones en infraestructura resultan fundamentales para soportar la creciente carga de datos generada por la expansión de los servicios en la nube y los modelos de IA cada vez más exigentes.

El impulso por fabricar hardware propio responde también a una preocupación estratégica. Las denominadas “hiperescaladoras” —Alphabet, Meta, Microsoft y Amazon— enfrentan un escenario en el que Nvidia domina el suministro de chips avanzados para inteligencia artificial. La escasez y el alto costo de estos componentes han llevado a las grandes tecnológicas a acelerar el desarrollo de alternativas internas.

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El analista Jay Goldberg, de Seaport, sostiene que depender de un único proveedor de computación para IA representa un riesgo considerable. Por ello, fabricar su propio silicio no solo reduce costos, sino que fortalece su posición estratégica frente a eventuales limitaciones de suministro.

Alphabet, pionera en esta tendencia, incluso evalúa la posibilidad de comercializar físicamente sus TPU a otras compañías como Meta, lo que podría intensificar la competencia directa con Nvidia en el mercado de semiconductores avanzados.

Esta estrategia de integración vertical tiene antecedentes históricos claros. A mediados del siglo XX, IBM logró dominar gran parte del mercado informático gracias a la producción interna de sus mainframes y componentes especializados. Según el análisis recogido en el libro Design Rules de Carliss Y. Baldwin, esa integración permitió a IBM concentrar más de la mitad del valor de mercado del sector durante su apogeo.

No obstante, aquella supremacía terminó en la década de 1990, cuando la producción de semiconductores se abarató y surgieron empresas especializadas como Microsoft en software e Intel en microprocesadores. El mercado se fragmentó y la integración total dejó de ser la única fórmula de éxito.

Ahora, impulsadas por la revolución de la inteligencia artificial, las grandes tecnológicas parecen retomar esa lógica histórica. La diferencia es que esta vez el motor no son los mainframes, sino los algoritmos y modelos de IA que requieren una potencia de cálculo sin precedentes. El control del silicio podría convertirse nuevamente en la clave del liderazgo tecnológico global.