Alphabet se endeuda a 100 años para controlar la infraestructura clave de la inteligencia artificial

La carrera por dominar la inteligencia artificial ya no se libra solo en laboratorios ni en algoritmos. Se libra en acero, concreto, electricidad y chips. Alphabet, la empresa matriz de Google, acaba de dar uno de los movimientos financieros más ambiciosos de la historia tecnológica: emitir deuda a 100 años para financiar la mayor expansión de infraestructura de inteligencia artificial jamás emprendida por la compañía.

Alphabet emite deuda a 100 años para expandir su infraestructura de inteligencia artificial.

Con una operación de USD 20.000 millones —incluido un bono centenario en libras esterlinas— la compañía apuesta a algo claro: quien controle la infraestructura física de la IA controlará la economía del futuro.

Imagen ilustrativa generada por IA

Alphabet no está invirtiendo en una moda pasajera. Está construyendo cimientos. La empresa anunció que utilizará los fondos para duplicar la capacidad de procesamiento y almacenamiento de sus servicios de inteligencia artificial y nube cada seis meses. Eso implica más centros de datos, más servidores, más chips especializados y más consumo energético.

El bono a 100 años, por 1.000 millones de libras con una tasa del 6,125 %, no es un detalle menor. Este tipo de financiamiento es extremadamente raro en el sector tecnológico. No se veía algo similar desde 1997 con Motorola. El mensaje es contundente: Alphabet piensa en décadas, no en trimestres.

La demanda superó ampliamente la oferta. El tramo centenario recibió órdenes por 10.000 millones de libras, diez veces lo emitido. Fondos de pensiones y aseguradoras, actores acostumbrados a pensar a muy largo plazo, encontraron atractivo el perfil financiero de Google, percibido como un “crédito cuasi soberano”.

En paralelo, Alphabet planea invertir 185.000 millones de dólares en infraestructura de inteligencia artificial para 2026, el doble que el año anterior. Aunque dispone de más de 120.000 millones en efectivo, decidió recurrir al mercado de deuda para preservar liquidez y asegurar tasas actuales antes de que cambien las condiciones financieras globales.

Este movimiento no ocurre en aislamiento. Amazon, Microsoft, Meta y Oracle también están incrementando su deuda para financiar centros de datos. En conjunto, las grandes tecnológicas podrían sumar más de 121.000 millones de dólares en financiamiento en 2025.

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Pero no todo es optimismo. Algunos analistas advierten que podría estarse gestando una burbuja de infraestructura, impulsada por exceso de capital y presión competitiva. Construir centros de datos a gran escala implica riesgos: cambios tecnológicos rápidos, variaciones en la demanda, regulación energética y evolución de la propia inteligencia artificial.

La gran pregunta es si esta expansión masiva representa la consolidación de la próxima revolución industrial digital o si estamos ante un ciclo de sobreinversión.

Alphabet no está apostando simplemente por inteligencia artificial. Está apostando por la infraestructura que la sostiene. En la historia económica, quienes controlaron las vías férreas, los puertos o la electricidad dominaron sus eras. En el siglo XXI, la nueva infraestructura crítica son los centros de datos y los chips.

El bono a 100 años no es solo financiamiento. Es una declaración de intención.

La pregunta ya no es si la inteligencia artificial transformará la economía. La pregunta es quién controlará los cimientos de esa transformación.